Del jardín a la acción: estudiantes de segundo y tercero leen las señales de un clima cambiante

En el Jardín para la Biosfera del Colegio Paideia, observar una hoja seca, encontrar un insecto entre las flores o reconocer qué lugares conservan mejor la humedad puede convertirse en una oportunidad para aprender sobre biodiversidad, clima y cuidado del territorio. En el marco del proyecto Somos Tierra, los estudiantes de segundo y tercero realizaron recientemente una salida de observación para conocer el estado actual del jardín y de sus habitantes. La experiencia adquiere especial relevancia en el contexto climático actual: El Niño se encuentra consolidado y en fortalecimiento, con perspectivas de alcanzar una intensidad muy fuerte hacia finales de 2026. World Meteorological Organization
Aprender a observar antes de actuar
Durante la salida, los niños y niñas recorrieron el Jardín para la Biosfera con una misión concreta: mirar con mayor atención.
Observaron las plantas, buscaron pequeños habitantes y polinizadores, reconocieron lugares con mayor o menor sombra, prestaron atención a la disponibilidad de agua e identificaron sectores que aparentemente presentan mejores condiciones y otros que podrían necesitar mayor cuidado.
El objetivo no era simplemente enseñarles que las plantas “necesitan agua”. La propuesta busca desarrollar una habilidad científica fundamental: aprender a reconocer evidencias antes de tomar decisiones.
Sus observaciones serán trasladadas al Mapa del Jardín Vivo, una herramienta que permitirá representar espacialmente lo encontrado. Allí podrán señalar, por ejemplo, dónde observaron flores, insectos y otros organismos, cuáles zonas presentan sombra, dónde existe disponibilidad de agua y qué sectores muestran señales que requieren una observación más cuidadosa. Así, el mapa deja de ser únicamente un dibujo del jardín y se convierte en un pequeño instrumento de investigación.
Observar → registrar → comparar → interpretar → decidir.
Esta secuencia es central en la metodología de Somos Tierra: los estudiantes no reciben solamente información sobre los problemas ambientales, sino que aprenden a investigar situaciones que están ocurriendo en su propio entorno.
Del Mapa del Jardín Vivo a la Acción Escolar Climática
Esta experiencia también prepara a segundo y tercero para uno de los principales retos del cierre del año: desarrollar su AEC —Acción Escolar Climática—, articulada con una lógica de aprendizaje basado en proyectos y retos.
El propósito es que las acciones que realicen posteriormente no aparezcan como actividades aisladas. Primero necesitamos comprender qué necesita realmente el jardín.
A partir del diagnóstico construido por los propios estudiantes, cada grado podrá avanzar hacia intervenciones relacionadas con la protección de la biodiversidad y la adaptación a condiciones de calor y menor disponibilidad de agua. El aprendizaje práctico adquiere así un sentido diferente: construir, cuidar o intervenir el jardín será la respuesta a una pregunta que los niños previamente ayudaron a investigar.
En este proceso, el Jardín para la Biosfera funciona simultáneamente como aula, laboratorio vivo y espacio de acción climática.
Los estudiantes pueden observar directamente cómo interactúan agua, temperatura, vegetación, suelo, insectos y otros organismos. También empiezan a comprender algo fundamental para la educación ambiental: cuando cambia una condición del sistema, sus efectos pueden extenderse a otros componentes.
Por ejemplo, una menor disponibilidad de agua no afecta únicamente a una planta. Puede modificar la floración, la disponibilidad de alimento para determinados polinizadores, las condiciones del suelo y la capacidad del jardín para ofrecer refugio a otros organismos.
El Niño convierte el jardín en un laboratorio climático
La experiencia ocurre además durante un momento climático excepcional.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) informó el 3 de septiembre que el episodio de El Niño se ha consolidado y continuará fortaleciéndose. Sus modelos indican una probabilidad cercana al 100 % de que persista hasta febrero de 2027, y prevén que alcance una intensidad muy fuerte antes de su máximo hacia finales de 2026. La OMM advierte que un evento de esta magnitud puede modificar considerablemente los patrones de temperatura y precipitación y aumentar el riesgo de sequías, calor extremo e inundaciones en distintas regiones del mundo. World Meteorological Organization
Para Colombia, el IDEAM también reporta que El Niño continúa fortaleciéndose. Su actualización de septiembre señala una probabilidad superior al 90 % de alcanzar una intensidad muy fuerte durante el último trimestre de 2026 y comienzos de 2027. Ideam
Esto no significa que cada planta seca o cada día caluroso pueda atribuirse directamente a El Niño. Las condiciones locales dependen también de la lluvia reciente, las características del suelo, la exposición al sol, el manejo del jardín y muchas otras variables. Precisamente ahí aparece una oportunidad educativa: enseñar a los niños a diferenciar entre observar un fenómeno y explicar científicamente sus causas.
Las señales que encuentren en el jardín son, por tanto, preguntas de investigación:
¿Dónde se conserva mejor la humedad? ¿Qué plantas parecen responder mejor al calor? ¿Dónde encontramos más polinizadores? ¿Qué lugares necesitan sombra? ¿Cómo podemos ofrecer agua sin desperdiciarla?.
El Niño convierte estas preguntas en algo mucho menos abstracto. El clima deja de ser solamente un contenido de un libro para convertirse en una realidad que puede observarse, medirse y discutirse desde la escuela.
Un jardín que también enseña a tomar decisiones
La siguiente etapa será reunir las observaciones de los estudiantes en el Mapa del Jardín Vivo y conversar colectivamente sobre lo encontrado. A partir de allí vendrá la pregunta más importante:
¿Qué necesita nuestro jardín y qué podemos hacer para ayudarlo?
Las posibles respuestas deberán surgir de la evidencia recopilada. Algunas podrán relacionarse con agua, otras con refugios para polinizadores, cobertura vegetal, sombra, mantenimiento o recuperación de determinados sectores.
De esta manera, la educación climática avanza desde la comprensión hacia la capacidad de actuar.
En Somos Tierra, queremos que los niños y niñas comprendan que enfrentar los desafíos ambientales no consiste únicamente en conocer conceptos como cambio climático, biodiversidad o El Niño. También implica desarrollar la capacidad de observar el territorio, formular preguntas, utilizar evidencias, cuidar otras formas de vida y participar en las decisiones sobre los lugares que habitamos.
El Jardín para la Biosfera nos ofrece precisamente esa posibilidad.
Porque antes de transformar un lugar necesitamos aprender a escucharlo.
Observar. Comprender. Decidir. Actuar. Regenerar.
Ese será el camino que continuará recorriendo segundo y tercero durante los próximos meses.



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